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Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Algunas de esas cartas bromistas que Mozart escribía tenían alguna que otra doble intención… Nuestro niño prodigio, en lo que respecta a las mujeres era todo un Don Juan, llenó su vida de grandes amores. Con tan sólo 6 años ya le prometió matrimonio a una niña que le ayudó a levantarse del suelo ¿apuntaba maneras ya eh?

Y es que nuestro Mozart era todo un conquistador, a lo quince años ya tenía fama ligón, o al menos eso intentaba ser. Su primer amor fue la hija del doctor Barisani, poco más tarde flirteó con Barbara von Mölk, y así sucesivamente, iba adhiriendo conquistas a sus espaldas, que no pasaron de ser meros escarceos amorosos, que años más tarde pasarían a algo más y que quedaban en boca de todos en la Austria previa al Romanticismo.

Al parecer uno de sus primeros grandes amores relativamente serios fue Barbara von Mölk, con la que ya había coqueteado, aquella bella muchacha era hija del canciller de Salzburgo. Lamentablemente Wolferl tuvo que comenzar un viaje que le haría recorrer Alemania, para terminar más tarde en París, y aquel amor quedó en aguas de borraja.

Nuestro clásico Don Juan continuó con sus conquistas amorosas, sin ir más lejos, tuvo su primer encuentro con la famosa “primita” (aquella de las cartas), Anna Thekla, su relación con ella fue un poco pintoresca: se dice que no hubo nada sexual, que simplemente tenían personalidades muy parecidas y que se llevaban muy bien, pero tampoco se puede asegurar que tuvieran sus más y sus menos… ya me entendéis… Poco después hubo algo con Rosl, la hija de Cannabich.

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Pero, todo conquistador puede ser conquistado, y nuestro clásico Don Juan ¡se enamoró! ¿La afortunada? Aloysa Weber, una niña de 15 años que cantaba como los ángeles y que hizo que Mozart estuviese completamente enamorado, ¡en las mismísimas nubes! ¿Quién se lo iba a imaginar? Fue tal el flechazo que incluso tenían planes de fuga, pero… Leopold siempre estaba atento a su hijo… tan controlador como era habitual…y le sacó aquella idea de la cabeza, haciéndole ver las necesidades económicas en las que dejaría a su familia le hizo marchar inmediatamente hacia París, a lo que Mozart no pudo negarse, aunque él sólo deseaba volver en breve para casarse con su amada.

Muy a nuestro pesar, Mozart fracasó en París, y todo hay que decirlo, con Aloysa. Cuando volvió tras nueve meses de viaje, Aloysa, consciente del fracaso de este clásico Don Juan y un tanto altiva por el éxito que ella estaba teniendo como cantante, le recibió como a un extraño, alguien con quien no desearías que te relacionasen a costa de tu reputación, llegando incluso a burlarse de aquel pobre enamorado, que al salir de aquella casa, lloró como un niño desconsolado. ¡Pobre Mozart! Y es que, perdonarme la expresión… “A todo perro le llega su San Martín”

Pero no fue más que una mancha en el expediente como conquistador de nuestro clásico Don Juan, era tal el poder que ejercía sobre el género femenino, que años atrás, una vecina suya ingresó en un convento, como bien aventura la carta que Leopold, el padre de Mozart, escribió a su mujer: “ Dile a Wolfgang que la hija del panadero de la Casa Real, aquella muchacha de ojos grandes que bailó con él en la Posada de la Estrella y que tan a menudo le hizo carantoñas, entró en un convento cuando se enteró de que Wolfgang se iba de Salzburgo. Entonces acarició la idea de verlo antes para tratar de disuadirlo. Wolferg deberá, pues, compensar al padre de todos los gastos, incluso de la ceremonia, originados con motivo del ingreso en el convento".

Nuestro clásico Don Juan, no tardó en contestarle a su padre:

“En lo tocante a la hija del panadero de la Casa Real, nada tengo que objetar. Hace mucho que lo preveía. De ahí que retrasara tanto mi partida y que ésta se me hiciera tan dura. Espero que esta historia no se divulgue por todo Salzburgo. Ruego haga lo posible, y con urgencia, para que tal asunto no trascienda, y que en nombre de Dios que pague por mí la suma que le haya costado al padre la entrada de su hija en el convento. En cuanto regrese pondré bien a la pobre niña que, evidentemente está enferma”

¿Ponerla bien? ¡Descarado!

A decir verdad, Mozart continuaría siendo un Don Juan durante años, incluso durante su matrimonio, pero… no adelantemos acontecimientos… esto os lo contaremos más adelante.

¿Conoces a alguno más de sus grandes amores? ¿Lo compartirías con nosotros?

\Fotografía de PublicDomainPictures
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