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El jazz, ese género musical que sin partitura logra meterse en nuestro cuerpo, nos hace cerrar los ojos y dejarnos llevar por la improvisación de sus artistas, moviendo los pies a ritmo de trompeta, saxo o cualquier otro instrumento.

Solistas, duetos, tríos… en el jazz no existe ninguna regla, incluso al tocar canciones ya confeccionadas siempre hay oportunidad para que los músicos muestren su inspiración, pues se trata de una forma de expresión espontánea e individual que se crea en el momento.

De Nueva Orleans al mundo

Este estilo nació a finales del siglo XIX en Estados Unidos, surgido del ritmo y las melodías afroamericanas de la época. Unos inicios que, aunque existen discrepancias al respecto, se sitúan en Nueva Orleans, Missisipi, cuando se produjo la emancipación de esclavos en el país. Ya libres, se dedicaban a cantar blues y canciones espirituales (spirituals), sobretodo en bandas callejeras y en los “cafés de los negros”. Eran individuos que carecían de formación de ningún tipo, no tenían conocimientos musicales y su llegada a la ciudad supuso un cambio en su forma de expresar la música. Empezó un largo aprendizaje, en el que decidieron que la manera más fácil de tocar era dejarse llevar, utilizar los instrumentos como hacían con sus voces, desarrollando sonidos que no podían escribirse. Para la ciudad era un tono nuevo y personal, con un toque de blues, que mostraba la influencia de los cantos religiosos y las melodías cantadas por los trabajadores de las plantaciones de algodón, años atrás. Hasta entonces, los esclavos se habían acompañado de utensilios caseros y el uso del banjo de fondo; sus canciones, adquirieron características de la música tradicional de los colonos, generalmente de origen inglés y escocés.

De este modo surgió un estilo, muy distinto a la música de desfiles escuchada Nueva Orleans, por lo que tuvo gran aceptación y continuó extendiéndose, dando lugar a los Minstrel Shows (artistas de raza blanca que se pintaban de negro para realizar espectáculos), el piano ragtime (pianistas de bares y tabernas, que tocaban de forma sincopada) y las bandas ambulantes. Se trataba de una época en la que la diversión recorría las calles, por lo que los teatrillos musicales y las comedias basadas en danzas, cuentos y música de negros ya estaban a la orden del día, bajo el nombre de vaudeville o vodevil.

imagen de http://i2.wp.com/antoniohernandezmoreno.com/imagenes/rag06.jpg?w=640El grupo Los Christy Minstrels integró un vaudeville diferente, en el que actuaba un grupo de hombres a modo de coro, mientras otros protagonistas realizaban un espectáculo cómico e interpretaciones musicales con el banjo, huesos y la pandereta. Este tipo de espectáculo les otorgó una fama notable, y poco a poco añadieron nuevos elementos a sus actuaciones, como instrumentos de orquesta o un paso de baile llamado cakewalk, en que las parejas bailaban ligeramente inclinadas hacia atrás, cogidos de la mano y levantando las piernas a ritmo del ragtime.

La música era animada, diferente, desentonaba con el estilo musical armónico y de ritmo fijo establecido. Sin embargo, al proceder de la raza negra no era considerado un género de calidad, de acuerdo a la mentalidad de aquel entonces, y en los años posteriores fue necesario adentrarse en cabarets o clubs de dudosa reputación para escucharla.

A diferencia del jazz que surgiría posteriormente, todavía no se realizaban elaboradas improvisaciones en las canciones, más bien eran tocadas con organización, al estilo ragtime. Sin embargo, sí añadían adornos en determinados puntos de la canción, llamados breaks, que resultaban ser lo más solicitado por los oyentes. No sería hasta la aparición de Louis Armstrong y King Oliver cuando el jazz cobraría calidad y notoriedad para la sociedad.

Cambio de mentalidad, comienzo del jazz

Con el paso de los años, el hombre negro adquirió cierta protección por parte de entidades benéficas. Recibían mensualidades de sus asociados, que permitieron, entre otras cosas, que fuesen enterrados dignamente tras su fallecimiento. De hecho, la música tocada en sus funerales se acercaba mucho al jazz.

Pero sin duda el hecho que marcó la diferencia en la mentalidad de prácticamente todo el mundo fue la Primera Guerra Mundial. Tras su fin, se produjo un cambio trascendental en la sociedad, que decidió dedicar su tiempo al disfrute viviendo de forma despreocupada y olvidando las penurias padecidas. 

En esta etapa se establecía la ley seca, y aparecieron mafias y locales clandestinos en los que los ciudadanos buscaban solución a su necesidad de diversión. Por entonces, el jazz ya sonaba de fondo, de la mano de grandes orquestas.

Sin embargo, el término Jazz no se haría oficial hasta 1913, cuando el San Francisco Bulletin publicó un artículo periodístico en el que acuñaba esta palabra en referencia a la música tocada por la orquesta del ejército. Además, el primer disco publicado bajo la clasificación de música Jazz fue de la Original Dixieland band, en 1917. A partir de este momento, los músicos adquirieron el valor de tocar esta música “prohibida”.

En 1923 comenzaron a lanzarse discos de blues, y el jazz pasó a demandarse en las grandes ciudades.

 

El ascenso del género, de marginal a artístico

Nueva York y Chicago pasaron a ser las ciudades con mayor número de intérpretes de jazz. Comenzaron a destacar músicos, como Jelly Roll Morton o King Oliver, acompañados por sus orquestas. Casi al mismo tiempo apareció el gran artista Louis Armstrong, quien se convirtió en un pionero al anteponer al solista por encima de la improvisación grupal, y quien dotó al jazz del sentimiento del blues.


El jazz ya era un estilo tan solicitado como admirado. Surgieron numerosas orquestas y solistas de renombre, como las grandes orquestas de Paul Whiteman (con su versión de Rhapsody in Blue de George Gershwin) y Duke Ellington, compositor de numerosas canciones que se convirtieron en emblemas del jazz.

En definitiva, ya no se trataba de una cuestión racial. El jazz era algo universal, como demostraron los intérpretes Benny Goodman y Glenn Miller. Un género que prevalece en nuestro tiempo, y que ha logrado establecerse en los hogares de todo el mundo.

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