Compositores

Obras de Mozart, un catálogo difícil de reunir.

Obras de Mozart, la música que parece fluir de la naturaleza.

obras de MozartEn la historia, podemos encontrar diversos genios, pero ninguno como Mozart, escribió su obra con cierta facilidad, las obras de Mozart son tan sencillas y naturales dentro de su complejidad y de su inspiración, que es imposible no sentir tanto el dolor como la muerte que expresan, tras su música no parece haber un ser humano, parece salir, flluir de la naturaleza. Las obras de Mozart están compuestas por: Veintitrés óperas y obras dramáticas, kyries, motetes, ofertorios, misereres, misas, una letanía, un requiem, más de 50 sinfonías, divertimentos, serenatas, minuetos, marchas, música para ballet, danzas aldeanas, veintisiete conciertos para piano, cinco para violín, dos para flauta, uno para fagot, cuatro para trompa, dos sinfonías corcentants... su catalógo es amplísimo.

Las obras de Mozart, denotan esa presencia esquiva, pero anhelada de la muerte, que se desliza de manera asombrosa en algunas tonalidades elegidas, sobre todo cuando compone en modo menor, sol menor, do menor, re menor. La muerte ejerce entonces de comadrona, se presiente su cercanía en sus últimas obras, sobre todo en Don Giovanni. Se podría decir que su obra es perfecta, nunca necesitó corregir sus trabajos, pues así como los creaba en su cabeza los plasmaba, practicamente, desarrolló y popularizó el concierto para piano (hasta entonces poco utilizado). Un famoso escritor y crítico de música ha escrito al respecto: "Es sólo a través del reconocimiento de la violencia y la sensualidad ubicados en el centro de los trabajos de Mozart, que nosotros podemos iniciarnos en la comprensión de sus estructuras musicales."

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La vida de Mozart se apagó lentamente hasta morir

La vida de Mozart se apagó lentamente, las causas de su muerte todavía son un misterio.

La vida de Mozart se apagó lentamente, durante su corta existencia fue sufriendo por épocas diferentes enfermedades: la viruela, amigdalitis, bronquitis, neumonía, fiebre tifoidea, reumatismo y periodontitis. Durante su visita a Praga para supervisar la representación de la ópera La Clemenza di Tito, comenzó a encontrarse peor de salud, algunos de los allí presentes comentaban "estaba pálido y tenía un expresión de tristeza, aunque a menudo mostraba su buen humor con bromas a sus amigos". Cuando regresó de su viaje a Viena, su estado de salud empeoró gradualmente, aunque continuaba trabajando para completar su Réquiem (el cuál le habían encargado) , Mozart estaba cada vez más intranquilo por su estado de salud, incluso podríamos decir que estaba deprimido, llegando a afirmar que estaba escribiendo el Requiem para sí mismo. Su concentración disminuía, tenía las manos y los pies hinchados, estaba inmovilizado casi por completo, además tenía vómitos repentinos...el 5 de diciembre de 1791, a las 00:55 horas, la vida de Mozart se apagó definitivamente.

la vida de MozartExiste un rumor, que dice que Mozart fue envenenado, se comenta que Antonio Salieri odiaba el genio/ingenio musical de nuestro "niño prodigio". Se han hablado de hasta 118 formas de morir distintas: envenenamiento, infección, enfermedad cardiovascular, insufiencia renal, escarlatina, fiebre reumática, triquinosis, viruela, tuberculosis, síndrome de Schölein-Henoch..., todavía es un enigma cómo se apagó la vida de Mozart.

El 6 de diciembre de 1791 fue enterrado en una tumba comunitaria simple (no en una fosa común), ya que la familia Mozart pasaba difucultades económicas. Tras este acontecimiento, Constanze estableció contacto con el editor Johann Anton André para la edición de las composiciones de Mozart. Dieciocho años más tarde, Constanze volvió a casarse, su nuevo marido y el historiador Friedrich von Schilchtegroll escribieron una de las primeras biografías de Mozart.

Resulta fácil interpretar que el gran genio, aquel que había sido todo un Don Juan, con una personalidad infantil e ingeniosa, tubiese miedo a la muerte. Mozart se hallaba inmensamente dotado para dar siempre un tratamiento humorístico y sarcástico a las cosas, salvo cuando sentía la presencia de su fin, impregnó toda su música de una duplicidad impresionante de conciencia cómica y de conciencia trágica. Sus obras musicales columpian al receptor en nubes de sensualidad que hacen casi palpables los abismos del dolor y de la muerte, acogiendo el exceso de inteligencia y sensibilidad con una maestría sublime. Vivió por y para la música, todo lo demás, incluida su vida, su salud, su cuerpo y su alma, se subordinaba a esta entrega y consagración. Motivos por los cuales es considerado uno de los artistas más innovadores, su capacidad para combinar el sentimiento italiano con la robustez alemana, hicieron que su obra sea extraordinaria, siendo una inspiración para muchos, siendo la vida de Mozart.

La tumba de Mozart se encuentra hoy día en el de St. Marx en Viena.

Fotografía de Invisigoth67 (Own work), via Wikimedia Commons.
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Homosexualidad de Tchaikovsky, sus peculiaridades

homoxesualidadPodemos escuchar o leer diversas versiones acerca de cómo era Tchaikosky, en gran variedad de libros o información que se haya en internet se achaca su carácter autoflagelante, inseguro, taciturno, depresivo y neurótico a la no aceptación de su homosexualidad, la cual llevaba con absoluta discreción, ya que incluso le producía asco el deseo que sentía hacia su mismo sexo. Si aún hoy día la homosexualidad sigue alzando el grito en el cielo imaginemos lo que ello supondría en la Rusia zarista. Pero posiblemente el carácter de Tchaikosky no tenía que ver tan sólo con su homosexualidad, sino también con algún trauma infantil, esta demostrado que en tales casos, las consecuencias o síntomas en la edad adulta son la ira, cambios de humor, sentimientos de culpa, tristeza, ansiedad, aislamiento social, miedo... y no podemos decir que Tchaikovsky fuese un niño muy feliz, ya que si analizamos fríamente su biografía, durante su infancia sufrió diversos abandonos y humillaciones. Pensemos en cómo afectaría a un niño extremadamente sensible tales acontecimientos:

1. Aquel niño que escuchaba embelesado la música de Mozart durante horas y que intentaba después reproducir al piano, con un carácter dócil, encantador y según cuentan "un pozo de amor" que a sus 7 años escribía versos en francés, era constantemente humillado por cualquier tontería de manos de su hermanastra Zenaida, que incluso le hacía sufrir malos tratos físicos.

2. También en su infancia, debido al empeoramiento de la situación laboral de su padre, tuvo que vivir con plena amargura el distanciamiento de su querida institutriz Fanny Dürbach, que le colmaba de cariño y comprensión, lo que le sumió en una tremenda depresión. El gran apoyo emocional que encontraba en la que para él fue una segunda madre, se había esfumado para siempre.

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Matrimonio Mozart, una pareja liberal

El matrimonio Mozart, infidelidades comunes.

constanzeDe nuevo en Salzburgo tras las calabazas que le otorgó Aloysa Weber, y tras haber fracasado en su intento de triunfo, Mozart continuó bajo las órdenes del arzobispo Colloredo, que también era jefe del padre Mozart. Entre estos había una relación un poco ardua, más bien, era una especie de odio mutuo en el que uno no soportaba al otro y viceversa. Durante dos años, Mozart tuvo que aguantar a este hombre en pro de su orgullo. Mozart sentía que le trataban como un criado más, incluso comía con ellos en la cocina. ¿Os imagináis lo que eso suponía para Mozart? Él, que había sido recibido en las principales cortes europeas desde que apenas levanta un palmo del suelo, él que era todo un niño prodigio, él que era un genio capaz de componer una ópera en 18 días… él, tantas cosas que era capaz de hacer él, nuestro genio. ¿Cómo se sentiría? Además, las burlas del arzobispo eran constantes: ¡Canalla! ¡Piojoso! ¡Bufón!... y algunas perlas que soy incapaz de plasmar por admiración a un gran genio. No es de extrañar, que ambos tuvieran tal discusión que casi hace explotar la ciudad entera, y Mozart, partió para Viena a recuperar su orgullo de Músico Prodigio. ¡Bien por Mozart!

Lo que realmente me resulta toda una sorpresa, es que Mozart se alojara en casa de los Weber, huyó de una humillación para ir a cobijarse donde ya le habían humillado antes. Además, para ponerle la guinda a tal asunto, su gran amor Aloysa, había establecido matrimonio con otro, la madre de aquella niña, tras quedarse viuda, puso todo su empeño en casar a todas sus hijas a cambio de una pensión vitalicia que le permitiera su subsistencia, ¿os podéis imaginar cuál fue el futuro amoroso de Mozart? ¡Bingo! Cäcilia Weber puso todo su empeño en casar a Mozart con su hija Constaze.

En realidad fue nuestro clásico Don Juan quien comenzó a conquistar a Constanze, pero, ya le conocemos, para él era una más de su colección, nada serio con lo que tuviera que convivir. Pero Constanze, significa constancia, y la no tan bella conquista de Mozart, comenzó a hacerse un hueco en la vida del genio. Llegado el punto en que la hábil señora Weber detectó que podría presionar al genio, esta prohibió que visitara a Constanze a no ser que firmara un contrato por el que se comprometiese a casarse con ella en el plazo máximo de tres años, en caso contrario, debería pagarle a ella una renta vitalicia anual. ¡Qué arpía! Al final, bajo presión del tutor de Constanze, Mozart firmó aquel documento, para su sorpresa, en cuanto aquel gañán salió de casa Constanze rompió aquel papel y le dijo “Querido Mozart, de usted no necesito declaraciones escritas. Creo en su palabra y eso es suficiente para mí” y justo en ese momento, fue cuando ataron en “corto” al genio,  el 4 de agosto de 1782, nace el matrimonio Mozart. Mozart estaba ilusionado ante tal cambio en su vida ¡se había casado!, al parecer la pareja se compenetraba bastante bien y porque no decirlo, ambos perdonaban los pequeños escarceos del otro… las infidelidades eran mutuas dentro del matrimonio Mozart... eso sí, sin llegar a ser excesivas, en 9 años de matrimonio, el clásico Don Juan, sólo le fue infiel dos o tres veces, todo un logro para tremendo conquistador.

Se dice además, que el matrimonio Mozart era toda una derrochadora que vivía por encima de sus posibilidades, Mozart participaba activamente en la vida social de Viena (jolgorios, francachelas, bailes…) y Constanze tenía una pequeña adicción a los balnearios (ya me gustaría a mí también), tal era el derroche que de vez en cuando tenían que recurrir a pedir dinero prestado. Comentan algunas malas lenguas, que en los viajes al balneario era cuando Constanze, tenía sus pequeños escarceos amorosos… incluso Mozart, en alguna de las cartas que le escribía a su amada esposa mientras estaba de viaje le llegó a comentar “Te ruego que en tu comportamiento veles tanto por tu honor como por el mío, y que muestres cuidado con las apariencias. No te enfades porque escriba esto”, en otra carta le comentó “ Te estás tomando demasiadas libertades, creo que con(el señor X) mientras él todavía está en Baden. Considera que (el señor X) se toma menos libertades con otras mujeres que él conoce, posiblemente muchas menos que las que se toma contigo mientras él está en tu compañía. Incluso (el señor X) que es, sin embargo, un buen consejero y respetuoso hacia las mujeres, debe de algún modo haber tenido un despiste descomunal escribiendo las más ofensivas groserías e insolencias en su carta. Una mujer tiene siempre que respetarse a sí misma, hacerse respetar y no dar que hablar”.

No obstante, he de decir que también sufrieron situaciones difíciles: crisis económicas, el fallecimiento de 4 de sus hijos, algunas humillaciones de Bach… pero la pareja siempre supo comprenderse y apoyarse, algo complicado en esta pareja tan “moderna” pero, ¿quién somos nosotros para comprender tal amor? Sólo ellos sabrían explicarlo y ya no pueden hacerlo, lo cierto es que la música son sentimientos, y si todos estos sentimientos merecieron una obra tan admirable como la de Mozart ¡mereció la pena!

¿Qué opináis vosotros? ¿Nos podéis contar algo más acerca del matrimonio Mozart?

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Mozart, sus grandes amores, todo un Don Juan

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Algunas de esas cartas bromistas que Mozart escribía tenían alguna que otra doble intención… Nuestro niño prodigio, en lo que respecta a las mujeres era todo un Don Juan, llenó su vida de grandes amores. Con tan sólo 6 años ya le prometió matrimonio a una niña que le ayudó a levantarse del suelo ¿apuntaba maneras ya eh?

Y es que nuestro Mozart era todo un conquistador, a lo quince años ya tenía fama ligón, o al menos eso intentaba ser. Su primer amor fue la hija del doctor Barisani, poco más tarde flirteó con Barbara von Mölk, y así sucesivamente, iba adhiriendo conquistas a sus espaldas, que no pasaron de ser meros escarceos amorosos, que años más tarde pasarían a algo más y que quedaban en boca de todos en la Austria previa al Romanticismo.

Al parecer uno de sus primeros grandes amores relativamente serios fue Barbara von Mölk, con la que ya había coqueteado, aquella bella muchacha era hija del canciller de Salzburgo. Lamentablemente Wolferl tuvo que comenzar un viaje que le haría recorrer Alemania, para terminar más tarde en París, y aquel amor quedó en aguas de borraja.

Nuestro clásico Don Juan continuó con sus conquistas amorosas, sin ir más lejos, tuvo su primer encuentro con la famosa “primita” (aquella de las cartas), Anna Thekla, su relación con ella fue un poco pintoresca: se dice que no hubo nada sexual, que simplemente tenían personalidades muy parecidas y que se llevaban muy bien, pero tampoco se puede asegurar que tuvieran sus más y sus menos… ya me entendéis… Poco después hubo algo con Rosl, la hija de Cannabich.

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Pero, todo conquistador puede ser conquistado, y nuestro clásico Don Juan ¡se enamoró! ¿La afortunada? Aloysa Weber, una niña de 15 años que cantaba como los ángeles y que hizo que Mozart estuviese completamente enamorado, ¡en las mismísimas nubes! ¿Quién se lo iba a imaginar? Fue tal el flechazo que incluso tenían planes de fuga, pero… Leopold siempre estaba atento a su hijo… tan controlador como era habitual…y le sacó aquella idea de la cabeza, haciéndole ver las necesidades económicas en las que dejaría a su familia le hizo marchar inmediatamente hacia París, a lo que Mozart no pudo negarse, aunque él sólo deseaba volver en breve para casarse con su amada.

Muy a nuestro pesar, Mozart fracasó en París, y todo hay que decirlo, con Aloysa. Cuando volvió tras nueve meses de viaje, Aloysa, consciente del fracaso de este clásico Don Juan y un tanto altiva por el éxito que ella estaba teniendo como cantante, le recibió como a un extraño, alguien con quien no desearías que te relacionasen a costa de tu reputación, llegando incluso a burlarse de aquel pobre enamorado, que al salir de aquella casa, lloró como un niño desconsolado. ¡Pobre Mozart! Y es que, perdonarme la expresión… “A todo perro le llega su San Martín”

Pero no fue más que una mancha en el expediente como conquistador de nuestro clásico Don Juan, era tal el poder que ejercía sobre el género femenino, que años atrás, una vecina suya ingresó en un convento, como bien aventura la carta que Leopold, el padre de Mozart, escribió a su mujer: “ Dile a Wolfgang que la hija del panadero de la Casa Real, aquella muchacha de ojos grandes que bailó con él en la Posada de la Estrella y que tan a menudo le hizo carantoñas, entró en un convento cuando se enteró de que Wolfgang se iba de Salzburgo. Entonces acarició la idea de verlo antes para tratar de disuadirlo. Wolferg deberá, pues, compensar al padre de todos los gastos, incluso de la ceremonia, originados con motivo del ingreso en el convento".

Nuestro clásico Don Juan, no tardó en contestarle a su padre:

“En lo tocante a la hija del panadero de la Casa Real, nada tengo que objetar. Hace mucho que lo preveía. De ahí que retrasara tanto mi partida y que ésta se me hiciera tan dura. Espero que esta historia no se divulgue por todo Salzburgo. Ruego haga lo posible, y con urgencia, para que tal asunto no trascienda, y que en nombre de Dios que pague por mí la suma que le haya costado al padre la entrada de su hija en el convento. En cuanto regrese pondré bien a la pobre niña que, evidentemente está enferma”

¿Ponerla bien? ¡Descarado!

A decir verdad, Mozart continuaría siendo un Don Juan durante años, incluso durante su matrimonio, pero… no adelantemos acontecimientos… esto os lo contaremos más adelante.

¿Conoces a alguno más de sus grandes amores? ¿Lo compartirías con nosotros?

\Fotografía de PublicDomainPictures
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Bach, consecuencias de su muerte para Anna Magdalena

Johann Sebastian Bach (1685-1750), “pies de hierro”

Bach y familiaSin duda, Anna Magdalena fue una mujer clave en la vida de Bach, ya no sólo por dale 13 hijos (7 de ellos murieron) y hacerse cargo de los otros 5 que Bach conservaba de su anterior matrimonio.

Anna era una mujer optimista, alegre, amable y amante de los pequeños detalles, tanto, que un pariente de Bach cuenta en una carta “Al recibir como regalo seis macetas de claveles, se puso contentísima, mostró mucho más aprecio que los niños por sus regalos de Navidad, y los cuidaba y los mimaba como si de recién nacidos se tratara”. Además, recordemos que cuando se casó con Bach era dieciséis años más joven que él, nuestro Viejo Peluca estaría más que “contento”. Pero ya no se trata sólo de eso, Anna renunció a su puesto como cantante en Köthen para acompañar a Bach en tanto cambio laboral, y le sirvió como copista a nuestro querido compositor, se puede decir, que tuvo una vida dedicada a Bach.

Esa entrega resultó ser fatídica para Anna, que a pesar de su historia de amor, ¿qué? ¿Qué aún no os he contado su historia de amor?

La primera vez que Anna vio a Bach fue cuando este se trasladó a Hamburgo en 1720 para optar a un puesto como organista (que no le dieron como ya vimos en entradas anteriores), por casualidad, allí se hallaba Anna, que tal y como cuenta en su Pequeña Crónica:

“ ¡La primera mirada que yo le dirigí! ¡Cómo desaparecen los años ante mis ojos al pensar en ello y con qué claridad se me presenta todo! Mi padre, que en su bondad, me llevaba con frecuencia en sus viajes, sobre todo cuando se trataba de cosas de música porque conocía mi amor por ese arte celestial, quiso que le acompañase en su viaje a Hamburgo en el invierno de 1720 para visitar a mis tíos abuelos. En la iglesia de Santa Catalina de Hamburgo había un órgano muy hermoso con cuatro teclados y un pedal, del que había oído hablar mucho a los amigos de mi padre, aficionados a la música.

El segundo día de mi estancia en Hamburgo salí con objetivo de hacer compras para mi tía abuela y, al regresar a casa, al pasar por la iglesia de Santa Catalina, entré un momento para contemplar el órgano. Cuando abrí la puerta oí que alguien tocaba y de pronto, desde la oscuridad, llegó hasta mí una música tan maravillosa que pensé que estaría sentado un arcángel al teclado. Levanté la vista hacia el órgano en la galería occidental: los grandes tubos se lanzaban formando torres hacia la bóveda, y más abajo las hermosas tallas del órgano brillaban en color castaño y oro; pero el organista quedaba invisible a mis ojos.

No sé cuánto tiempo permanecí escuchando en la iglesia, pues no era más que oídos y parecía haber echado raíces en las losas, perdida complemente la noción del tiempo. Estaba tan ensimismada con el canto de aquella música que cuando terminó con una serie de acordes que atronaron el espacio seguí inmóvil mirando hacia arriba, esperando que de los tubos ascendiese otra armonía celestial. Pero en lugar de eso apareció en la tribuna el organista mismo y se acercó a la escalera que bajaba del órgano.

Su atención se fijó en mí, que seguía mirando hacia arriba. Le contemplé durante un momento, tan asustada de su repentina aparición que no podía ni moverme. Sin duda después de escuchar una música tan divina esperaba ver bajar del órgano a san Jorge, y no a un hombre. Me pareció alto en exceso y sin embargo no era de estatura extraordinaria, pues era poco más alto que mi padre. Pero por una cusa inexplicable daba la impresión de ser alto, ancho y fuerte.

Inmediatamente me eché a temblar. Cogí el manto que se me había caído al suelo y con un estremecimiento inconcebible de horror salí corriendo de la iglesia. Cuando una vez fuera me sentí segura, yo misma me asombré de mi conducta tan tonta, pues ni siquiera mi tía abuela, tan severa, hubiese encontrado nada deshonroso en que una muchacha entrase en una iglesia a escuchar la música de órgano.”

El resto de la historia ya os la hemos contado en anteriores entradas, pero esto es sólo una prueba más de la admiración que Anna sentía por Bach, ¿por qué quién no reconoce esos sentimientos cuando dice “Yo misma me asombre de mi conducta tan tonta”?, a Anna ya le gustaba nuestro viejo Peluca. ¿Cómo si no era por su admiración iba a ser capaz un carácter tan positivo de querer a un hombre tan irritante como nuestro Bach?

Lamentablemente, a la vez que se apagó el Barroco, Anna quedó sola, sin aquel hombre que le acompañó durante toda una vida, y por si fuera poco su dolor, Anna quedó sumida en la miseria, ella y las tres hijas que todavía seguían en el domicilio familiar. Aquella mujer que había abandonado su carrera para dedicarle todo el tiempo a su esposo, sobrevivía de la mendicidad, toda una vergüenza. Sus hijos, ya casados e independizados en otras localidades no tenían ni la más mínima constancia de la situación de su madre, por lo que no pudieron hacer nada por ella. Así que Anna, vivió sus últimos 10 años, obligada a vivir de limosnas hasta el día de su muerte, en 1760, y sus restos fueron abocados a una fosa común.

Anna, gracias por cuidar de Bach, gracias por copiar sus obras, y sobre todo, gracias por ser la primera en admirar lo que hoy admiramos todos.

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