Compositores

La guerra entre Wagnerianos y Brahemistas.

La guerra entre Wagnerianos y Brahemistas, fue más bien una guerra entre la “música clásica” y la “música moderna”. Wagner y Brahms eran seres totalmente distintos, mientras que Wagner fue un revolucionario (llegando a inspirar al mismísimo Hitler), Brahms permaneció durante toda su vida en Viena, siendo consciente de que no tenía nada que hacer en esa Alemania.

Se conocerían en Viena, donde Brahms le ayudaría a copiar la obertura de Los maestros cantores, y aunque a Wagner se lo presentaran como “un buen muchacho”, lo cierto es que Brahms despreciaba a sus colegas contemporáneos, no compartía su música.

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Brahms era conservador en cuanto a su forma de componer, queriendo mantener las formas de compositores anteriores como Beethoven y Bach, sin embargo, Wagner quería crear la “música del futuro” y era totalmente opuesto a la Música Sinfónica, lo que Brahms vio como una falta de respeto y mal gusto, provocando así la división de Alemania en dos escuelas de la música.

Wagner creía que Beethoven marcaba el fin de una época y que la música debía abandonar su soledad como arte independiente y unirse al Drama trágico. Inevitablemente Brahms se convirtió en el héroe de todos los que odiaban la música revolucionaria de Wagner. Wagner formuló algunos comentarios desfavorables acerca de Brahms, pero en general ambos se evitaban.

En 1860, Joachim, Julius Otto Grimm, Woldemar Bargiel, Albert Dietrich, Carl Reinecke, Brahms, Ferdinand Hiller, Bernhard Scholz y unos 13 compositores más firmarían el Manifiesto contra la “música del futuro”:

"Los abajo firmantes hemos seguido con mucho pesar las actividades de un determinado grupo, cuyo órgano es la Zeitschrift für Musik de Brendel. La revista anterior difunde continuamente la opinión de que los músicos de actividad más importante están fundamentalmente de acuerdo con las tendencias que ella representa, que reconocen en las composiciones de los líderes de este grupo obras de valor artístico y que en conjunto, y especialmente en el norte de Alemania, los argumentos a favor y en contra de la llamada música del futuro son culminados y de resolver la controversia en su favor. Para protestar contra la mala interpretación de estos hechos se considera como su deber por los abajo firmantes y declaran que, al menos hasta ahora son los principales afectados, los principios enunciados por la revista de Brendel no son reconocidos y que consideran las producciones de los dirigentes y alumnos de la llamada Nueva Escuela de Alemana, que en parte simplemente refuerzan estos principios en la práctica y, en parte, una vez más hacen cumplir nuevas y desconocidas teorías, que son contrarias al espíritu más profundo de la música, algo muy de lamentar y condenar."

La guerra entre Wagnerianos y Brahemistas estaba servida, los seguidores de Wagner verían el manifiesto como una venganza personal contra el compositor. Edward Hanslick, amigo de Brahms y crítico de la Neue freie Presse, no ayudaría mucho a calmar este ambiente, ya que fue uno de los principales factores en la presentación de Brahms como el enemigo de Wagner, como el portaestandarte en pos de los músicos puros. Aunque es cierto que Brahms deploró la música del futuro, no fue por el ideal de pureza de Hanslick, ya en cierto modo Brahms respetaba a Wagner y así lo dijo, aunque jamás pisaría los festivales de Bayreuth, porque temía a los wagnerianos.

Brahms realizaría una visita de cortesía a Wagner en 1864, sería su único encuentro, por lo general Wagner fue encantador en persona, pero más tarde atacaría a Brahms, convirtiéndose en uno de sus mayores enemigos.Incluso llegó a pedir  la devolución de la partitura de Tannhäuser que Kark Tausig le regaló a Brahms que el compositor devolvió de forma cautelosa. Wagner le enviaría a cambio una partitura autografiada de El oro del Rhin.

Wagner escuchó de manos del propio Brahms sus "Variaciones sobre un tema de Händel" op.24 y le parecieron excelentes como ejemplo de lo que aún se podía hacer con lo que Wagner llamaba "música vieja". En cuanto a la anécdota: Nietzsche se llevó la partitura de la "Canción del triunfo" de Brahms a casa de Wagner, se la "dejó caer" en el piano y Wagner le echó un vistazo. Wagner se encolerizó y dijo: "¡Händel, Mendelssohn y Schumann, envueltos en cuero!" y se marchó, bufando.

En 1877, cuando apareció la primera sinfonía de Brahms, los wagnerianos calmarían su guerra contra el compositor, sólo aquellos más extremos continuarían en la lucha entre Wagnerianos y Brahemistas.

Incluso Bülow, defensor ardiente de Wagner, tras esta primera sinfonía, se proclamaría ferviente admirador de Brahms, haciendo celebre su frase de los “Tres grandes B” (Bach, Beethoven y Brahms). Llegó a dirigir todas las grandes obras orquestales de Brahms en la Orquesta de Meiningen.

Wagner, en cambio, se refirió a la "Primera sinfonía" de Brahms así: "Estamos totalmente horrorizados por la Sinfonía, con su nulidad hinchada por los efectos instrumentales, su tema, acompañado de un tremolando, que parece sacado de la introducción de un vals de Strauss".

La guerra entre Wagnerianos y Brahemistas continuaría varias décadas, incluso los seguidores de Wagner verían como un insulto las flores que Brahms envió a la familia de Wagner al enterarse de su muerte.

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Brahms y el amor, serios problemas con las mujeres.

En la Biografía de Brahms (pincha aquí para leerla) vimos como el compositor nunca se casó, permaneció soltero y sin descendencia conocida, pero eso no quiere decir que no se enamorara a lo largo de su vida. En cuanto a Brahms y el amor, podemos decir que su terreno sentimental estuvo macado por su infancia entre los bares del puerto de Hanburgo. Allí entre los tugurios y los burdeles carecientes de clase y buen gusto, Brahms tocaba el piano a una edad muy temprana, y pronto las prostituas se encariñarían con el chico, en el que volcaron el amor y el cariño que no encontraban entre sus brutos clientes del puerto.

Brahms se aficionaría a aquel tipo de cariño entre maternal y sexual y no maduraría su camino hacia otras formas de amar, lo que le acarreó serios problemas con las mujeres durante toda su vida. En muchas ocasiones se le escucharía decir sobre las prostitutas:

"Al menos esas criaturas tienen buen corazón. Son afectuosas y buenas, que es más de lo que puede decirse de otras muchas de mejor reputación".

Su primer escarceo amoroso y su primer gran amor.

El primer escarceo amoroso del compositor lo tuvo a los 14 años, cuando un cantante aficionado, Adolf Giesemann, le invitó a su finca para que le acompañara al piano. Este tenía una hija, con la que Brahms se llevaba bastante bien, entre otras cosas, quedó estupefacto ante la bonita voz de la muchacha, aquí encontramos el inicio de otra de las costumbres en la vida de Brahms, sentirse atraído por mujeres con una voz bonita. Junto a aquella muchacha, Brahms paseó por los prados, cogiendo fruta de los árboles, cuidó de los animales de la granja... y leyó el libro: Historia de amor de la bella Magelone y el conde Pedro de Provenza. Aquello contrastaba sin duda con el ambiente enrarecido de los bares y tugurios en los que era asiduo, fue una etapa feliz de su vida que jamás olvidaría, hasta el punto de dedicarle un ciclo de canciones basado en aquel libro leyó junto a ella. Pero aunque esta fuese la primera experiencia amorosa de Brahms, lo cierto es que su primer gran amor de verdad fue la mujer de Shumann.

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Este amor llegó cuando Brahms se introdujo en la vida del matrimonio Schumann, aquel que apoyaría su carrera musical y que se convertiría en un gran amigo del compositor. Brahms estuvo en todo momento junto a ella y sus hijas durante toda la enfermedad de Robert, manteniendo siempre por ambas partes la fidelidad a Robert, aunque algunas investigaciones apuntan a que tuvieron un escarceo amoroso cuando este estuvo en el manicomio. Su amor por Clara fue my grande durane toda su vida, en las cartas que le escribió en 1855, un año antes de la muerte de Schumann se muestra completamente enamorada, además, el ídilio parecía ser recíproco. Pero,  ¿Qué les impidió estar juntos una vez murió este? 

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Wagner y Hitler: El judaísmo, toda una revolución.

Wagner se creía así mismo capaz de liderar corrientes de opiniones revolucionarias y, en cierto modo sus teorías influyeron en sectores patrioteros y racistas en la Alemania de su época. En un principio fue arrastrado por las ideas de la revolución y del cristianismo renovado y a favor de la fraternidad de los pueblos. Sin embargo, fue convirtiéndose, cada vez más, en un nacionalista alemán influido por personas como el Conde de Gobineau. ¿Es de extrañar? Si tenemos en cuenta que el propio Hitler proclamaba estar actuando a favor del cristianismo al "defender Alemania contra el veneno judío"... ¿Cuántas guerras fueron forjadas en alas de la Cristiandad a lo largo de la historia? Ignorar las partes oscuras de Wagner en aras de su indudable grandeza musical supone un falseamiento de nuestra historia, pero lo cierto es que el compositor no pudo conocer jamás a Hitler, ya que este nació 6 años después de la muerte del músico.

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Wagner, todo un revolucionario.

En la revolución de 1830, París se agitó en un movimiento revolucionario al que él se sumó ideológicamente: "Tomé partido de la revolución por que se me aparecía como la lucha esforzada y victoriosa de un pueblo que combatía por su ideal", aunque pronto cambiaría de bando para unirse al movimiento estudiantil de Leipzig, el cuál contradecía plenamente su primer planteamiento político. Aunque lo que más le agradaba a Wagner era el ansia de sentirse innovador, revolucionario y carismático.

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Wagner, Richard: Un Tristán para muchas Isoldas.

Richard Wagner cuenta con numerosas conquistas y enamoramientos a sus espaldas, aunque podríamos decir que de quien realmente estaba enamorado, era de si mismo, un corazoncito de cuestionable moralidad... Buscó constantemente un amor que no tuviese límites en cuanto a entrega y confianza, eso sí, únicamente por la parte femenina, el era el Dios del Olimpo y podía hacer lo que le viniera en gana.

Wagnermania: Amarás a la mujer de tu prójimo.

Richard-Wagner-1La primera vez que Wagner se percató de que podía resular interesante al sexo femenino fue cuando estuvo en una boda campesina y animado por la danza y el alcohol tuvo un encuentro con la novia del oboista que estaba tocando en la fiesta de celebración... ¡no veáis como soplaba el oboe para poder mantener el silencio! Pobre chico... Comenzaría así una Wagnermania por la que conquistaría en la mayoría de ocasiones a la mujer de su prójimo, amigo, benefactor... toda una acción de gratitud por parte de Wagner.

Siendo estudiante en la Universidad de Leipzig, se dedicó a la vida bohemia y mantuvo diversas aventuras amorosas con mujeres de todo índole: bellas, feas, desde criadas hasta aristócratas, intelectuales, de 15 a 70 años... vamos, que no le hacía ascos a nada que se le pusiese delante.

Con 21 años, conoció a una actriz cuatro años mayor que el: Christine Wilhelmine Planer (Minna). Richard se enamoró perdidamente de ella, aunque al principio Minna no le hizo mucho caso, la perseverancia de Wagner hizo que poco a poco ella cediera, hasta que consiguió meterse en su cama una noche en la que el compositor cogió una tremenda borrachera, y claro a la pobre de Minna no le quedó otra que cuidarle. El 24 de Noviembre de 1836, Minna y Richard contrajeron matrimonio, consiguió así su primera Isolda, poco después, ella huría de Richard con un judío llamado Dietrich. En Octubre de 1837, le contaron a Wagner, que Dietrich había avandonado a Minna y que ella, hundida, le pedía perdón y una segunda oportunidad, Richard encantado con tanta súplica decidió dársela. El matrimonio comenzaba por fin a ir bien, pero... nuestro Wagner como ya sabemos era un Dios libre, que podía hacer lo que le viniera en gana.

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Piotr Ilich Tchaikovsky y Von Meck, una extraña relación

Piotr Ilich Tchaikovsky, en búsqueda de la mujer que cambiará su inclinación homosexual

Quizás fue una de las peores épocas que Piotr Ilich Tchaikovsky tuvo que afrontar, los remordimientos en cuanto a su homosexualidad eran cada vez mayores. Los rumores acerca de su "problema" no cesaban y tomó una decisión "He de casarme con quien sea". Estaba desesperado, imaginaros su angustia, creía que sólo podía encontrar la felicidad si se casaba con una mujer y conseguía superar su aprecio por el sexo masculino.

Hay una carta muy reveladora de lo que pensaba y sentía, y que ayuda a compronder su enorme angustia y el repudio hacia sí mismo:

"Hay personas que no pueden remediar un sentimiento de misericordia hacia mí a causa de mi vicio únicamente porque me tomaron cariño antes de sospechar que era un hombre de mala reputación. ¡Mi hermana Sasha es una de ellas! Sé que lo intuye todo y lo perdona. La misma actitud la noto en otras muchas personas a las que quiero o admiro. ¿Podrás creer que el sentir su piedad y su perdón por algo de lo que no puedo ser responsable es una cruz difícil de soportar? ¿O que no me atormenta la idea de que los que me quieren puedan sentirse, a veces, avergonzados de mí? Y lo peor es que esas situaciones han surgido cien veces y volverán a surgir otras cien. En una palabra, otro lazo legal con una mujer, cerrar la boca a esos despreciables seres cuyas opiniones yo no tomo en cuenta pero con las que pueden causar dolor a aquellos a quienes yo quiero. La realización de mis planes no es tan inminente como crees. Estoy tan hundido en la ciénaga de mis gustos y hábitos que no puedo quitármelos de encima así como así, como se quita un guante."

Piotr Ilich Tchaikovsky

Más tarde escribiría:

"Lo que necesito es una solterona o una viuda madura, sin ninguna pretensión pasional ardiente."

Piotr Ilich Tchaikovsky

Von Meck, la viuda del deseo de Piotr Ilich Tchaikovsky

Piotr_Ilich_Tchaikovsky_von_MeckNadejda Filaretovna Frolovskaia, viuda de Von Meck, ingeniero del sector ferrocarril que le había dejado una gran fortuna y 11 hijos, además, tenía 9 años más que Piotr Ilich Tchaikovsky, y era una gran enamorada de su música. En diciembre de 1876 le encarga un arreglo para violín y piano, ella quería que la obra reflejara un intolerable sufrimiento moral, un corazón roto, sin fe, con el orgullo herido, la felicidad perdida...-no creo que le costara mucho componerlo- no obstante, rechazó componer dicha obra, no sin antes, hacerle saber a la viuda que podía contar con él para cualquier arreglo destinado a la pequeña orquesta, y... bueno... solicitarle tres mil rublas para pagar unas deudillas que tenía a cambio de dedicarle la cuarta sinfonía - wink pillín-.

Enamoradísima de Piotr Ilich Tchaikovsky, le escribía numerosas cartas en las que se entreveía la admiración por su música, escudándose en "mi amigo predilecto", convirtiéndose pronto en su gran protectora y pasándole una sustanciosa renta anual, que encubría al principio con pequeños encargos, pero al poco tiempo, se convirtió en una fuente de ingresos increíble para Piotr Ilich Tchaikovsky; le envíaba una elevadísima pensión que le permitió dejar sus clases en el conservatorio y dedicarse por completo a la composición. ¿Era suficiente? No, además, le prestaba sus fincas y mansiones para que descansara en ellas y compusiera de forma más relajada - ¿quién no quiere una amiga así?-. 

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Liszt y la aristocracia, un constante lío de faldas

Liszt, un compositor con pasión por la aristocracia.

En la vida amorosa de Liszt, podemos decir que una de sus exigencias es que la dama tenía que pertenecer a la nobleza, no sabemos cierto a que se debía este gusto por las mujeres de alto estanding que tenía Listz, pero así era. Desde su infancia estuvo rodeado por la nobleza húngara, siendo su padre uno de los administradores del príncipe Nicolás Esterházy. Una vez convertido en músico y compositor (y uno de los mejores pianistas de la época) su relación artística era muy premiada por la clase alta de la sociedad. Y … ¿a quién vamos a engañar? un dulce es un dulce. Ya se lo dijo su padre justo antes de morir “Hijo mío, vas a quedar solo, pero tu talento te hará salvar muchos obstáculos. Tu corazón es bondadoso y tienes una gran inteligencia. Pero…las mujeres me dan miedo. Las mujeres perturbarán y dominarán tu vida” ¡Y qué razón tenía el hombre!

Liszt y sus primeras aristócratas.

liszt-jovenTodo comenzó con la hija del conde Saint-Criq, ministro de Comercio del gabinete de Martignac. Este contrato a Liszt para que le diese clases, y claro entre sonata y sonata… le enseñaba una tocata… pero un tiempo más tarde, el conde obliga a su hija a casarse con otro conde y Liszt cae en una tremenda depresión. Algo más tarde, una vez superado este bache, y tras el estreno de su Sinfonía Fantástica y entablar amistad con músicos de reconocido prestigio comienza una estrepitosa carrera amorosa -hoy en día tendría otro nombre ;)-.

 

Con 22 años formaba parte de fiestas en grandes mansiones parisienses, donde disfrutaba de la compañía de las aristócratas más guapas de Francia, la condesa Aponyi, la duquesa de Dauzan y la princesa de Belgiojoso pasaron a formar parte de su lista de conquistas en esa época. Pero el amor llegó de nuevo a la vida de Liszt, enamorándose esta vez de la condesa d’Agoult, Marie Flavigny, ¿todo normal? ¡pues no! Se trataba de una mujer casada y que tenía 2 hijos y tras algunos escarceos, los rumores corren por todo París y Liszt decide irse al campo para alejarse de tal bullicio, además de Marie… pero poco aguantarían esta situación los dos “tortolitos” y deciden salir de París hacia Ginebra, donde vivirían 2 años muy felices, para volver posteriormente a París, de esta relación, Liszt tendría 3 hijos.

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