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La historia de la música española vivió una etapa desconocida hasta el momento a finales del siglo XIX, un acontecimiento que posteriormente sería conocido como: el nacionalismo de la música en España. Sin duda uno de los artistas responsables de que este hecho se produjese, fue el afamado compositor y pianista Enrique Granados, al igual que otras personalidades como Felipe Pedrell, Isaac Albéniz y, porteriormente, Manuel de Falla.

Primeros pasos en la vida del compositor

Nacido en Lérida (Cataluña) el 27 de julio de 1867, Enrique era hijo de Calixto Granados, militar procedente de la Habana (Cuba, que en ese momento era provincia española), y Elvira Campiña, natural de Santander (Cantabria).

La profesión militar de su padre llevó a la familia a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife desde que Enrique era muy joven. Allí residió hasta 1874, momento en el que su padre sufre un grave accidente al caerse de su caballo. Las complicaciones en el estado del gobernador militar les obligaron a volver a su comunidad natal, esta vez a la ciudad de Barcelona. Fue en aquel lugar donde Enrique empezó a recibir formación musical, de la mano del capitán Junceda; un amigo de su padre que le enseñaría solfeo y piano. Calixto y Elvira habían notado la fascinación de su hijo al escuchar música, de la que disfrutaba de forma inusual para un chico de su edad, por lo que no dudaron en fomentar su pasión.

Una vez comprobado su talento musical, Enrique ingresó en la Escolanía de la Merced. Allí, Francisco Xavier Jurnet tomó el testigo en la enseñanza del joven, accediendo a darle clases de piano de forma oficial. Tras adquirir los conocimientos necesarios, ingresa en la academia de Joan Baptista Pujol, el maestro de piano más prestigioso del momento, donde ganaría el primer premio de la Academia Pujol con la interpretación de la Sonata en sol mayor op.22, de Robert Schumann, en un concurso de piano años más tarde. En el jurado de aquel entonces se encontraba el crítico, musicólogo, profesor y compositor, Felipe Pedrell, quien le aceptó como alumno de armonía y composición, fascinado por su interpretación.

Ampliando conocimientos, el viaje de Granados a París

Sin embargo, el verdadero talento de Granados se dio a conocer en los cafés de Barcelona, donde actuaba frecuentemente. En una ocasión, entre los asistentes se encontraba el empresario Eduardo Conde, propietario de unos importantes almacenes de Barcelona, quien decidió contratarle para dar clases de piano a sus hijas. En esta época, Granados hizo sus primeros conciertos, uno de mayor importancia en el Ateneo de Barcelona, donde interpretó junto a otro pianista, Ricardo Viñes, la obra para dos pianos de Gottschalk Tarantella, la Fantasía Para Dos Pianos, Armonio y Cuarteto de Cuerda de Josep García Robles. 

Enrique GranadosDe ese modo, Enrique logró ahorrar el dinero suficiente para costearse un viaje a París (Francia), donde viviría en el Hotel de Cologne et d’Espagne de la Rue de Trévise durante dos años con su amigo antes mencionado, Ricardo Viñes; juntos dieron un recital en la Sala Érard de París. Además trató con grandes músicos como Fauré, Debussy, Ravel, Dukasd’Indy Saint-Saëns. Otro aspecto importante de este viaje, es que allí Granados escribió sus conocidas Danzas españolas, que fueron publicadas en España a su regreso.

Su estancia en Francia fue un período vital en su carrera, ya que tuvo la oportunidad de recibir las enseñanzas del profesor del Conservatorio de París, Charles Wilfrid de Bériot, con quien trabajaría una técnica de pedal que le otorgó gran parte de su fama posterior.

Regreso a España, el reconocimiento de su trabajo

A su regreso, Granados negoció la publicación de sus Doce Danzas Españolas escritas en París, con la notoria Casa Dotesio de Barcelona, que serían publicadas individualmente a inicios de los años 90, resultando ser su primera obra en adquirir reconocimiento internacional. Antes de la publicación de estas, el compositor tuvo su debut en el Teatre Liric de Barcelona, mostrando algunas de sus creaciones como Arabesca, algunas de sus Danzas Españolas y su Serenata Española. 

En 1898 estrenó la ópera María del Carmen, en Madrid, una versión de la obra de José Feliu y Codina. La función agradó a la Reina María Cristina enormemente, hasta el punto de decidir otorgarle la Cruz de Carlos III a Granados. A Raíz de este acontecimiento, realizó numerosas composiciones para obras muy populares de Cataluña, aunque no eran igual de exitosas en el resto del país.

En 1901 Granados creo la Sociedad de Conciertos Clásicos, con una orquesta fija para realizar los conciertos. Un año más tarde, participó en la fundación del reputado Orfeó Catalá, donde los compositores de Barcelona intentaron expresar el sentimiento de la Renaixença (movimiento a favor de la literatura e idioma catalanes). Allí también realizaría conciertos y sería contratado para importantes obras años después. 

Ese mismo año, Granados hizo alarde de su faceta pedagógica creando una academia para la formación y el perfeccionamiento de pianistas, llamada Academia Granados, donde trataba de transmitir a sus estudiantes los principios de la sonoridad del piano, que para él se sostenía sobre los pilares armónicos del pedal. De este modo, desarrolló un Método teórico-práctico para el uso de los pedales del piano, que se publicaría en 1912. En su academia se formaron numerosos músicos de renombre en el siglo XX, como José Iturbi o Conchita Badía. El establecimiento se encuentra vigente en la actualidad, bajo el nombre de Academia Marshall, por su posterior director.

Enrique Granados escuela pianistica catalanaUn año después de la apertura de la academia, Granados conoce a Amparo Gal Lloveras, hija del industrial valenciano Francesc Gal. A partir de ese momento, se mantiene inactivo musicalmente durante tres años, conocidos como “el largo silencio”, en los que se casa con Amparo y comienza a formar una familia. La pareja tuvo 6 hijos, pero el músico no pudo mantenerse alejado de su música por más tiempo, y con el nacimiento de su primogénito, Eduardo, en 1904 publicó El Allegro de concierto, obra en la que abandona su estilo nacionalista en busca del romanticismo. Al año siguiente lleva a París sus sonatas de Scarlatti, transcritas y completadas por su puño y letra. Sin embargo su deseo era volver a Madrid, para continuar publicando sus obras y obtener una plaza como profesor del conservatorio, por lo que se embarca en busca de su propósito.

Sin éxito en esta ocasión, vuelve a Barcelona, donde actúa en conciertos bajo el auspicio de la Societat Catalana de Concerts. Además, toca con músicos reconocidos de la época, como el chelista Pau Casals o los violinistas Joan Manén, Jaques Thibaud y Mathieu Crickboom.

Una vez se disuelve la Societat Catalana de Concerts, Crickboom fundó la Societat Filharmónica  para promover la música de cámara en la comunicad. En esta nueva sociedad Granados debutó con la Filharmónica, con quien seguiría tocando durante los 7 años sucesivos.

Creación de Las Goyescas, su llegada a Estados Unidos

Para Granados Francisco de Goya era más que un pintor, consideraba al aragonés un genio de la época. Tal es así, que nuestro músico se retrató a sí mismo vestido de goyesco y pintó láminas inspiradas en sus obras, pues tenía alguna noción de pintura. Además, comenzó a componer la que sería su gran obra: Goyescas, Los Majos Enamorados; unas impresiones musicales divididas en 7 escenas, que narran la historia de amor de los “majos”. En 1911 estrenó las piezas del primer libro en Barcelona, y un año después pudo verse completa en Madrid.

La obra tuvo gran acogida, pero el mayor éxito lo obtuvo en su estreno en París, en 1914. Granados fue galardonado con la Legión de Honor de la República Francesa, y la ópera de París encargó una ópera de Las Goyescas. Enseguida se puso manos a la obra, adaptando la composición a una obra lírica, en la que Fernando Periquet se encargaría del texto. Viajó a Suiza, donde su amigo y musicólogo Kurt Schindler le ofreció su casa para que terminase el trabajo.

Las Goyescas de Enrique GranadosSin embargo, el estreno de la ópera en París se vio truncado por el estallido de la Primera Guerra Mundial, por lo que, con la ayuda de su colega Ernest Schelling, trasladó la primicia al Metropolitan Opera House de Nueva York, que acogió la obra también a su temporada 2015-2016. Granados y su mujer tuvieron que instalarse en Nueva York, donde inmediatamente comenzaron los preparativos del estreno. El violonchelista Pablo Casals dirigía los ensayos, y acompañaba a Granados ofreciendo conciertos para la Friends of Music Society. Resultó una época frenética, en la que el compositor además grabó rollos de pianola para la compañía Aeolian. 

El esfuerzo, sin embargo, no se vio recompensado. La crítica no fue favorable, y tras 5 funciones dejaron la ópera. Por fortuna, Granados ya se había ganado el respeto de la ciudad estadounidense, y fue invitado a La Casa Blanca por el presidente Wilson.

El viaje hacia Reino Unido, con un final inesperado

Tras finalizar su etapa estadounidense, el matrimonio se disponía a viajar a Reino Unido. Fueron despedidos del país con mucho cariño, incluso otorgaron al músico una copa de plata en conmemoración al estreno de Goyescas en Nueva York, firmada por todos los artífices del acontecimiento y con más de cuatro mil dólares en su interior.

Sin embargo, la asistencia a La Casa Blanca retrasó el itinerario planeado, y la pareja tuvo que escoger una trayectoria más larga y tediosa. Tras algunos transbordos en barco, Enrique y Amparo embarcan en el barco Sussex que les llevaría a su destino. Horas después, el buque fue detectado por un submarino alemán (recordemos que se hallaban en guerra), y lanzó un torpedo que impactó brutalmente contra el mismo. El camarote del matrimonio sufrió gran parte de la explosión, aunque la pareja no se encontraba en su interior. Enrique Granados fue encontrado en el agua y recogido por el equipo de salvamento, sin embargo, se lanzó al agua al avistar a Amparo en la lejanía, y ambos acabaron desapareciendo entre las olas.

Un final tan trágico como inesperado en la vida de Enrique y de su esposa, como también lo fue para las 80 personas que perecieron en aquel ataque fruto de la guerra. Un incidente que resultó ser accidental, afirmando que el submarino confundió al Sussex con un barco minador. Se abrió una suscripción internacional para los huérfanos de los fallecidos, a la que se sumó el gobierno alemán con una indemnización por lo sucedido.

Enrique Granados había fallecido, con tan solo 48 años. Tras el suceso se organizaron homenajes, algunos por su discípula Conchita Badía, y otros por Pablo Casals, que realizó un evento en el Metropolitan de Nueva York sobre el mismo escenario en el que se interpretó Las Goyescas. En esta ocasión actuaron Casals, María Barrientos y el tenor Mccomack, entre otros, pero el broche final fue la interpretación de Paderewski, tocando la marcha fúnebre de Chopin; un momento en el que se apagaron las luces, guardó silencio, y quedaron únicamente un candelabro junto al piano, y el intérprete.

"Hay una manera de tocar, un estilo Granados". Conchita Badía

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