0 Flares Twitter 0 Facebook 0 Google+ 0 Pin It Share 0 LinkedIn 0 Email -- 0 Flares ×

La historia de la música cuenta con grandes nombres que ensalzan a este universal arte de expresar lo que no puede hacerse mediante palabras. Uno de ellos, es el de Isaac Albéniz, virtuoso compositor y pianista español, considerado un verdadero renovador de la cultura musical española de comienzos del siglo XX.

El pasado 29 de mayo se cumplió el 155 aniversario de su nacimiento, y dejando caer no que sea obligación sino que es un deber dada la ocasión, hemos de compartir su vida repleta de anécdotas de aventuras, y su extensa obra sobre todo para piano, pocas obras dedicó a la orquesta, (pincha si quieres saber más sobre los instrumentos de la orquesta y su historia) y en la que Albéniz expresa su amor incondicional hacia ‘esa morena ingrata’ como llamaba a la España que según él le tenía en el olvido.

Una vida de novela de ficción.

Isaac AlbénizIsaac Manuel Francisco Albéniz y Pascual, mejor conocido como Isaac Albéniz, nació en Camprodón, pueblo fronterizo con Francia de la provincia de Girona, como hemos dicho antes un 29 de mayo de 1860, aunque su familia se trasladaría un año después a la ciudad de Barcelona. Albéniz comenzó a dar clases de piano de la mano de su hermana Clementina y a la temprana edad de 4 años dio su primer concierto en público en el Teatro Romea de dicha ciudad. En 1867 ingresó en el Conservatorio de París donde recibió clases del maestro Marmotel, el que fuera profesor de Claude Debussy.

Dos años después su familia se trasladó a vivir a Madrid. A los 8 años compuso su primera obra, una marcha militar que se dice le dedicó general Prim. Con 9 años, Albéniz se escapó de casa de sus padres para aventurarse en un viaje por toda España (Burgos, Ávila, Valladolid, Cádiz, etc.) donde organizaba sus propios conciertos, y a los 12 se embarcó furtivamente como polizón hacia América donde sobrevivía del mismo modo, organizando sus propias audiciones, aunque la policía lo detuvo en uno de sus viajes por toda Sudamérica, a instancias de su padre, que era el interventor general de Aduanas en la isla del Caribe.

Tras este viaje por las Américas, con 14 años, Albéniz viajó a Inglaterra, y en 1877 fue becado para estudiar con los maestros Gevaert y Brassin en el Conservatorio de Bruselas. En 1880 viajó por Praga, Viena y Budapest, donde conoció al también compositor y pianista Franz Liszt, (pincha para ver la biografía de este gran compositor) quien determinaría su vocación.

A los 22 años, Albéniz comenzó a recibir clases de composición del maestro Felipe Pedrell, quien fue una gran influencia para él poniéndolo en contacto con la música romántica y el impresionismo francés, y que fue también inspirador en la obra de otros grandes compositores como Enrique Granados, Manuel de Falla o Joaquín Turina, que juntos forman el llamado Nacionalismo Musical Español de finales del s. XIX y principios del XX.

Un año después, en 1883, con 23 años, se casó con su mujer Rosina Jordana en Barcelona. En 1884 Albéniz fue nombrado pianista de la Corona Real. Durante los cinco años siguientes nacerían sus tres hijos: Alfonso, Enriqueta y la menor, Laura, quien estaría unida a su padre durante toda su vida artística y profesional. Albéniz conoció a Pau Casals y logró que obtuviera de parte del rey de España una beca de estudios para continuar con su prometedora carrera.

En el año 1890 y siguientes, Albéniz continuó dando conciertos por toda España, en ciudades como Madrid, San Sebastián o Zaragoza, y en Europa, en ciudades como Londres (donde estuvo unos años afincado), París o Berlín, ciudad en la que en 1893, y después de 30 años abandonaría su carrera como intérprete, dedicándose única y exclusivamente a la composición. Ese mismo año se trasladó a vivir a París, donde fue alumno y poco después profesor en la Schola Cantorum. Por su carisma personal, por su cultura y por unas notables dotes para la improvisación, Albéniz fue muy bien acogido por toda la sociedad artística francesa. Entabló una gran amistad con compositores como Gabriel Fauré o Paul Dukas; esta estrecha relación lo convirtió en embajador de la música francesa en nuestro país.

En 1903 se trasladó a una ciudad cerca de Niza con su familia, donde, a pesar de su delicado estado de salud (los médicos, debido a una nefritis crónica, le aconsejaron que suprimiera el café, el champagne y los puros con los que tanto disfrutaba y de los que no pudo prescindir nunca), inició la que sería su composición definitiva, la suite ‘Iberia’.

Seis años después, en 1909, Albéniz se afincó en la ciudad de Cambô-les-Bains, al sur de Francia, muy cerca de su ya indiferente España, esa ‘morena ingrata’ que tanto se había olvidado de él, con una salud muy delicada. Allí fueron a visitarle varios de sus amigos, tales como Dukas o Granados, que fue quien le anunció, a principios de mayo, que le había sido concedida la Gran Cruz de la Legión de Honor del gobierno francés a propuesta de Debussy, Fauré, Dukas y otros compositores y amigos.

Tan delicada era su salud que la tarde del 18 de mayo, a 11 días de cumplir 49 años, Albéniz falleció en su casa, víctima de un coma urémico que lo hizo sufrir hasta el último halo de vida, según cuenta en una de las biografías del compositor su sobrino y médico personal, Víctor Albéniz. Cuando fue enterrado, el gobierno francés depositó la Gran Cruz de la Legión de Honor que le había sido concedida días antes encima de su ataúd, y donde sólo se podía ver una simple nota de conmiseración desde España, la tierra a la que Albéniz había dedicado toda su vida, y que sólo mostró signos de recuerdo hacia él cuando, unos meses después de su muerte, repatrió su cuerpo para que fuera enterrado con honores en el cementerio de la ciudad barcelonesa de Tiana.

 

Su obra, dedicada casi íntegramente al piano.

Isaac Albéniz fue un autor prolífico, se le atribuyen alrededor de 500 obras, aunque muchas de ellas están desaparecidas. La primera obra de la que conocemos existencia y de la que antes hemos hablado y compartido un enlace para escuchar es una marcha militar que Albéniz realizó con solo 8 años, en 1869, dedicada al general Prim.

Aunque cultivó varios géneros, la mayor parte de su obra fue para piano, y se dedicó a lo que él denominaba ‘hacer música española con acento universal’. Dentro de este género, dejó una de las mayores obras maestras para este instrumento que se recuerda, que son los cuatro cuadernos que constituyen la suite ‘Iberia’ (1905 - 1908), composición de una complejidad y virtuosismo marcados a lo largo de su hora y más de 20 minutos de duración, y que Albéniz compuso en Niza durante algo más de dos años.

Como afirmó Manuel de Falla: ‘Iberia no es sólo una evocación, sino que tiene una significación nacional mucho mayor que la de un verdadero documento histórico. Es la Andalucía de los tiempos pasados que reaparece a través del lenguaje musical’.

Otras de sus más famosas composiciones para piano son la ‘Primera Suite Española’, que se compone de una serie de siete obras compuestas entre 1883 y 1887, con títulos como ‘Granada’, ‘Cataluña’, ‘Sevilla’ (seguidillas), ‘Cádiz’, ‘Asturias’, ‘Aragón’ ‘Castilla’; y la ‘Segunda Suite Española’, compuesta alrededor de 1889, con otras dos obras: ‘Zaragoza’ y ‘Sevilla’ (capricho). En las obras que conforman la Suite Española, el primer título hace referencia a la región que representan y el subtítulo entre paréntesis indica la forma musical de la pieza o la danza de la región retratada.

Otras obras pianísticas de Albéniz a destacar son: ‘Recuerdos de viaje’ de 1886-87, ‘España’, 6 piezas compuestas en 1890, ‘Cantos de España’, 5 piezas entre 1891 y 1894, ‘Navarra’, incompleta, y que iba dedicada a comenzar el quinto cuaderno de la suite ‘Iberia’, y ‘Azulejos’, obra que también dejó inacabada y que su mujer Rosina pidió que finalizara a Enrique Granados. Este último lo hizo con tal maestría, que es muy difícil o casi imposible de averiguar cuando acaba la mano de Albéniz y comienza la de Granados.

Como hemos dicho antes, Albéniz no se olvidó de cultivar otros géneros, y en 1896 compuso su más conocida comedia lírica teatral, ‘Pepita Giménez’, pieza clave y fundamental del género lírico español. También, para teatro, compuso su primera ópera, ‘The magic ópal’, entre 1892 y 1893, estrenada ese mismo año en Londres, y ‘Henry Clifford’, en 1894. También para orquesta compuso la ‘Rapsodia española para piano y orquesta’, en 1893 y otras como la ‘Suite característica’ o las ‘Escenas sinfónicas catalanas’.

‘El joven Mozart vuelto a la tierra’.

Así denominaba el público a Albéniz cuando lo veía de niño en sus conciertos por toda España. En su etapa de madurez fue denominado como ‘el Chopin español’. Su técnica pianística, y en la que se ven rasgos influyentes de Liszt, era la técnica de manos cruzadas, consistente en tocar el registro agudo con la mano izquierda y el grave con la derecha, técnica que Albéniz introdujo en muchas de sus obras.

Al final de su vida, el propio Albéniz era dudoso de sus composiciones más patrióticas (los Cantos de España y las Suites Españolas) sin llegar a la conclusión de que había dejado para la historia la más original y elocuente ‘música española con acento universal’ de cuantas se escribieron hasta la fecha.

Como curiosidad, Alberto Ruiz-Gallardón y Cécilia Sarkozy, primera esposa del ex-presidente de la República francesa Nicolas Sarkozy, son bisnietos de Albéniz.

Sin duda, la vida y obras de este genial compositor español, Isaac Albéniz, no deja indiferente a nadie y, si nos embarcamos en su obra y buceamos en muchas de ellas, vemos que quiso dejar impreso en las numerosas partituras el verdadero amor que sentía por su casa, por su ‘morena ingrata’, su España.

Lee, comparte y dale a ‘Like’ si te gusta, y ¡comenta! Cuento contigo, ¡nos leemos! wink.

Download PDF